Se suele decir que los premios literarios los
prestigian los concursantes, tanto por la calidad de
los trabajos presentados como también por el número
de aspirantes a lograr los galardones ofrecidos por
la entidad organizadora. También es cierto que este
prestigio se va consolidando año tras año por la
seriedad y ecuanimidad de los jurados que los
otorgan y su honestidad. Sencillo es en la inmensa
mayoría de los premios que se conceden a obras
inéditas, aparentar estas virtudes que se suponen
necesarias a los componentes de los jurados, pero en
los Premios del Tren que concede anualmente la
Fundación de los Ferrocarriles Españoles las
imposturas, los embaucamientos y los engaños son
inútiles toda vez que en este libro que tiene usted
en la mano, querido lector, están editados los
ganadores, los segundos premios y los cuatro accésit
de cada una de las dos modalidades convocadas,
cuento y poesía, y cualquier suplantación iría en
contra del propio jurado.
Seguramente sea este uno de los motivos para que
cada año opten a éstos galardones más obras y más
autores de reconocido prestigio. Y no creo que sea
por lo muy bien dotados económicamente como están,
ya que otros concursos con semejantes emolumentos
atraen escasa concurrencia: en esta última
convocatoria se han presentado al Premio “Antonio
Machado” de poesía y al Premio “Camilo José Cela” de
cuentos más de 1.400 obras procedentes de 33 países.
Como es habitual desde su primer año se pueden
presentar obras escritas en cualquier lengua oficial
del Estado español, y de cualquier nacionalidad.
Ante tal cantidad de originales pretendientes de los
Premios, los miembros del Comité de Lectura, siempre
bajo la dirección de Rafael Conte, y la batuta de
Juan Altares, mantuvo diversas reuniones en la sede
de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, para
con riguroso trabajo y más que áspero, a veces
doloroso por sus cualidades literarias, ir
eliminando y, sobre todo, seleccionando los trabajos
más meritorios que después debían de pasar al último
y definitivo cónclave.
El Jurado final estuvo compuesto por Rafael Conte,
Coordinador del Comité de Lectura; Jesús García
Sánchez, Coordinador del Comité de Lectura de
Poesía; José Fernández de la Sota y Javier Lorenzo,
ganadores en la anterior convocatoria de los
Premios; Manuel Núñez Encabo, Director de la
Fundación Antonio Machado; Juan Miguel Sánchez
García, Director General del Ministerio de Fomento y
Vocal del Patronato de la Fundación de los
Ferrocarriles Españoles; Rosendo Tello, Premio 2005
de las Letras Aragonesas, y como secretario Juan
Altares, Director de Actividades Culturales de la
Fundación de los Ferrocarriles Españoles. La reunión
definitiva para decidir los trabajos ganadores se
hizo en Zaragoza el día 26 de octubre.
El Premio “Antonio Machado” de Poesía lo ganó
Antonio Lucas, poeta madrileño que a pesar de su
juventud (Madrid, 1975), ya ha publicado tres libros
y su obra ha sido recogida en diversas antologías.
En el año 2000 le concedieron el Premio Ojo Crítico
de Poesía que concede Radio Nacional de España.
El segundo premio fue para Ana Merino, poeta de la
misma generación, profesora en Estados Unidos, y con
un considerable currículo: los premios Adonais y
Fray Luis de León entre otros.
Dos jóvenes y sobresalientes poetas, de los más
destacados del panorama poético español actual han
merecido nuestro reconocimiento.
Los accésits fueron adjudicados a Carlos Frühbeck de
Burgos, que ya lo había logrado en 2004, poeta de
una considerable perfección formal y estimable
facilidad verbal; a Dolan Mor, poeta cubano exiliado
en España desde 1999, que presentó un poema de
conseguido equilibrio y belleza. Los otros dos
beneficiados, y hay que hacer constar que el orden
por el que les menciono no significa ningún carácter
jerárquico ya que los cuatro quedaron a la misma
altura en la evaluación, fueron Federico Gallego
Ripoll y Miguel Ángel Velasco. Poco se puede añadir
a la brillante carrera literaria que estos dos
autores llevan. Gallego Ripoll ha publicado más de
una decena de poemarios, y conseguido aún más
premios literarios, entre ellos el Ciudad de Irún,
Jaén, San Juan de la Cruz y éste mismo año el Emilio
Alarcos de Oviedo. También residente en Mallorca
como Gallego es Miguel Ángel. Velasco, el otro
accésit de poesía, poeta de una personalidad muy
propia, que maneja el ritmo del poema de manera
notable y que ha ganado los premios más prestigiosos
de poesía que se conceden en España: Adonais,
Fundación Loewe, etc.
Ser jurado de un premio de poesía, y algunos de los
que hemos trabajado en éste lo hemos sido o somos en
otros distintos, no es fácil. No es sencillo ser
jurado de ningún premio, pero las particularidades
del Premio “Antonio Machado” lo hacen más
dificultoso y arriesgado. No es lo mismo poder
juzgar un libro entero que un único poema, que es lo
que se pide en este concurso. Para bien y para mal.
Los excesos de un libro no se encuentran en un solo
poema, pero el ritmo o el dominio del lenguaje y del
verso, tampoco. Es por ello que las dificultades en
la elección de los poemas son grandes y a menudo
engorrosas. El Jurado de los Premios es estable
variando únicamente en que los ganadores se añaden
al del próximo año, por eso desde aquí creo que el
acierto en la elección de los poemas ganadores ha
sido espectacular y meritorio como lo avalan los
nombres de los premiados en ésta nueva etapa del
Premio “Antonio Machado”: Vicente Gallego, Carlos
Marzal, Benjamín Prado, Javier Lorenzo y, por
último, Antonio Lucas.
Y si a la Fundación de los Ferrocarriles Españoles
hay que darle la enhorabuena por los excelentes
premios concedidos en la modalidad de poesía,
también hay que hacerlo por los mismos motivos en la
otra modalidad, la del cuento. Cerrada la primera
etapa del Premio de Narraciones Breves, después de
25 años, en el volumen que reunía a los vencedores
Rafael Conte señalaba en su prólogo que la Fundación
de los Ferrocarriles Españoles había contribuido
como nadie a que el cuento español estuviera muy
vivo y que “había marcado de manera bastante
decisiva la evolución del cuento literario en España
durante el último cuarto de siglo, interviniendo en
ella como precursor, testigo y promotor de manera
contundente. El balance ha sido el más positivo de
los posibles” Y no le faltaba razón pues para
mencionar a unos pocos, ganaron este premio autores
como Francisco García Pavón, Jesús Torbado,
Francisco Umbral, Ana María Matute, etc. Esta
segunda etapa del premio, ya con el nombre de
“Camilo José Cela”, no sólo no ha bajado en absoluto
la calidad de los cuentos ganadores, sino que, con
tan espléndido precedente, ha aumentado de forma
espectacular el número de obras presentadas al
certamen.
En años anteriores el “Antonio Machado” ha sido la
estrella por la calidad de sus pretendientes, pero
este año ha ocurrido lo contrario. Los cuentos del
“Camilo José Cela” han sobresalido por la
extraordinaria categoría de sus candidatos, y no me
refiero únicamente a los que llegaron a la final de
Zaragoza, también a otros varios que no pudieron
hacerlo y que dieron motivo a innumerables
discusiones en el Comité de Lectura. El número de
finalistas tenía que ser seis.
El Premio recayó en Fernando León de Aranoa,
brillante y exitoso director de películas como
“Barrio” “Princesas”, etc. Con un cuento no menos
brillante y estremecedor. Una narración memorable
que desde las primeras líneas atrae de manera
admirable: “lo decía Samuel, que pasaban cada martes
muy despacio, ya de noche, para que los niños no
pudieran verlos…” Inquietante y conmovedor.
El segundo premio lo obtuvo el autor cubano, ya
español, Abilio Estévez, con “El tren bajo la
lluvia”, narración llena de sabiduría y buen hacer.
Autor de reconocido prestigio, con obras traducidas
a 14 idiomas y que ya había merecido hace poco
tiempo con un libro también de cuentos el Premio al
Mejor Libro Extranjero en Francia, Realmente dos
cuentos extraordinarios que enaltecen y prestigian
un premio.
Los cuatro accésit del “Camilo José Cela” fueron
igualmente muy meritorios. Sus autores fueron Carlos
Díaz Domínguez, madrileño que aunque ha publicado
algunos relatos de viaje, es más conocido en los
ámbitos teatrales y cinematográficos que en los de
la propia literatura; Adolfo Sotelo Vázquez, también
madrileño, catedrático de Historia de la Literatura
Española en la Universidad de Barcelona y que
presentó un cuento con guiños literarios al propio
Cela, autor que tan bien conoce; y dos excelentes
poetas que en ésta ocasión se han pasado al relato,
Teresa Barbero, autora de distinguidos libros de
poesía, finalista en el Premio Nadal de novela y que
ha visto recompensada su labor creadora con variados
reconocimientos y premios literarios, y Blanca
Andreu, que con su obra poética consiguió los
premios Adonais, el Ïcaro de literatura, y como
cuentista el Premio Gabriel Miró, entre otros.
Doce estupendos trabajos que no sólo enorgullecerán
a los convocantes de estos cada vez más prestigiosos
premios, sino que también deleitarán a los que
tengan la suerte de poder leerlos todos reunidos en
un mismo volumen.
La entrega de los premios se realizó en una velada
nocturna en el extraordinario marco del Edificio
Pignatelli, sede del Gobierno de Aragón, presidiendo
el acto Dª Eva Almunia, Consejera de Educación,
Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, D. José
Salgueiro, Presidente de la Fundación de los
Ferrocarriles Españoles, Dª Natalia Garzón,
Presidenta de Comisión de Gobierno de la Fundación
de los Ferrocarriles Españoles y de Renfe, Dª Pilar
Navarrete, Directora General de Cultura del Gobierno
de Aragón y D. Carlos Zapatero, Director Gerente de
la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, que
también estuvo presente como observador en las
últimas deliberaciones. Al acto acudió buena parte
de representantes culturales de Zaragoza y fue
presentado por D. José Luis Acín, Director del
Centro del Libro de Aragón. Representando a los
miembros del J urado Rosendo Tello tuvo la palabra
agradeciendo a los responsables de los premios todas
las facilidades que ofrecieron para que el trabajo
fuera sólido, convincente y justo. El comentario
general fue que la literatura había triunfado de
nuevo en estos premios.
La dotación de cada uno de los dos premios, “Antonio
Machado” de poesía y “Camilo José Cela” de cuento,
es de 15.000 euros para el ganador, de 5.000 para
los segundos y de 5OO euros para cada uno de los
restantes seleccionados.